EUROPA PRESS

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16 noviembre 2017

 

Investigan el uso de infusiones de plasma sanguíneo para tratar el Alzheimer

 

Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, en Palo Alto, California, Estados Unidos, han informado de su éxito en un ensayo clínico de fase temprana que examina la seguridad, tolerabilidad y viabilidad de administrar infusiones de plasma sanguíneo de donantes jóvenes a participantes con enfermedad de Alzheimer de leve a moderada. También hubo algunos signos que sugieren mejoras en las enfermedades de los participantes.

 

Los resultados del ensayo 'PLASMA' --abreviatura de 'Plasma for Alzheimer's Symptom Amelioration'-- se presentan este sábado en la 'Décima Conferencia Anual de Ensayos Clínicos sobre la Enfermedad de Alzheimer', en Boston, Estados Unidos, por la investigadora principal, Sharon Sha, profesora clínica asociada de Neurología y Ciencias Neurológicas en Stanford.

 

Sha señala que el hallazgo de seguridad no fue sorprendente, dado que las infusiones de plasma sanguíneo se han utilizado durante mucho tiempo para otras indicaciones y se consideran extremadamente seguras. A su juicio, fueron más sorprendentes indicios de mejora de los receptores en las pruebas de capacidad funcional: la capacidad de realizar tareas básicas esenciales para la vida diaria independiente, como recordar tomar medicamentos y poder pagar facturas y preparar sus propias comidas.

 

El ensayo PLASMA fue diseñado para probar una hipótesis propuesta por Tony Wyss-Coray, profesor de Neurología y Ciencias Neurológicas de Stanford y científico senior de carrera de investigación en el Sistema de Atención de Salud de Asuntos Veteranos en Palo Alto, cuya investigación ha demostrado que factores en la sangre de ratones jóvenes puede rejuvenecer el tejido cerebral y mejorar el rendimiento cognitivo en ratones viejos.

 

Sha, principal líder clínico del Centro de Investigación de la Enfermedad de Alzheimer de Stanford y directora médica del Grupo de Ensayos Clínicos de Neurociencia en Stanford, advierte que estas evaluaciones se basaron en los informes del cuidador y que el número de participantes en el estudio --18-- era pequeño. Por ello, cree necesario realizar más estudios sobre un mayor número de participantes antes de poder llegar a conclusiones sobre la eficacia.

 

Mejoras en la habilidad funcional

El ensayo se llevó a cabo en el Hospital de Stanford y fue patrocinado por Alkahest, una empresa privada de biotecnología con sede en San Carlos, California. La prueba se desarrolló en dos etapas. En la primera etapa, nueve participantes con enfermedad de Alzheimer de leve a moderada recibieron cuatro infusiones semanales, ya sea de plasma (la parte líquida de la sangre libre de células) obtenida de donantes de entre 18 y 30 años, o de placebo (una solución salina).

 

Ni los participantes ni el personal encargado de administrar las infusiones sabían cuál de las dos infusiones estaba recibiendo un participante determinado. Luego, después de un periodo de "lavado" de seis semanas, los regímenes se invirtieron: los que inicialmente recibieron plasma obtuvieron cuatro infusiones semanales de placebo y viceversa. "Esos participantes sirvieron como sus propios controles", señala Sha.

 

Se realizaron a los participantes o sus cuidadores múltiples pruebas y cuestionarios para determinar el estado de ánimo, la cognición y la capacidad funcional de los participantes antes y después del primer periodo de infusión de cuatro semanas, y nuevamente antes y después del segundo plazo de infusión de cuatro semanas.

 

El tiempo total transcurrido entre la primera visita y la visita final de un participante, incluido un examen preliminar y una visita final, se acercó a los seis meses. Los participantes debían realizar casi una docena de viajes de ida y vuelta a Stanford, acompañados por un cuidador. Entonces, para reducir la carga de los viaje, los investigadores decidieron modificar el diseño para su próximo grupo de nueve participantes.

 

Todos estos recién llegados recibieron infusiones de plasma de donantes jóvenes, y ellos y sus cuidadores, así como los administradores, lo sabían. Este cambio redujo el tiempo entre la primera y la última visita a 10-12 semanas para el segundo grupo de participantes, y requirió un número de viajes en proporción menor. Estos participantes, como el primer grupo, recibieron la batería completa de evaluaciones de estado de ánimo, cognición y capacidad funcional.

 

Solo se produjo una instancia única y secundaria de un evento adverso relacionado con el ensayo (picazón excesiva). Sha apunta que esto no fue completamente inesperado, ya que puede surgir como un efecto secundario de la infusión de cualquier producto sanguíneo. Otro participante tuvo un accidente cerebrovascular, pero se consideró no relacionado con el tratamiento; el participante había recibido solo cuatro infusiones de solución salina y, además, había sufrido el derrame cerebral al final del periodo de lavado subsiguiente, durante el cual no se administraron infusiones de ningún tipo.

 

Un análisis de las evaluaciones una vez que todos los participantes habían sido tratados no mostró cambios significativos en el estado de ánimo de los participantes o su rendimiento en las pruebas de cognición que implican tareas tales como la memorización de una lista o recordar eventos recientes, explica Sha, apuntando que este tipo de cambios típicamente se observan solo en ensayos clínicos que duran más de un año. A su juicio, la ausencia de un efecto aquí no fue particularmente inesperada.

 

Pero en dos de tres evaluaciones diferentes de la capacidad funcional, los participantes mostraron mejoría estadísticamente significativa, a pesar del pequeño tamaño de la prueba. "Eso fue sorprendente para mí --dice Sha--. El ensayo no fue eficaz para mostrar eficacia". Al principio, los investigadores sospecharon que el informe de mejoras en la capacidad funcional podría haber sido impulsado por el segundo grupo de participantes, quienes junto con sus cuidadores y los propios investigadores sabían que estaban recibiendo plasma; esto podría quizás predisponer a los cuidadores a un informe optimista.

 

Pero el examen de los datos indicó que, por el contrario, fue el primer grupo de participantes, que no tenían idea de si estaban recibiendo plasma o placebo, quienes mostraron la mayor mejoría en la capacidad funcional después de recibir infusiones de plasma. "Nuestro entusiasmo con respecto a estos hallazgos debe ser moderado, ya que fue un pequeño ensayo", apunta Sha, apostando por un análisis más amplio.

 

Alkahest ha declarado en un comunicado de prensa que, basándose en el perfil de seguridad y las señales de eficacia observadas en el ensayo PLASMA, está planeando avanzar en el desarrollo clínico de una nueva generación de un producto derivado de plasma patentado para el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer de leve a moderada.